
Érase una vez una mujer que limpiaba su casa cuando, de repente, en un rincón del hogar, surgió un insecto que penetró en su boca. Agitó sus alas y sus patitas intentando salir de la cavidad, pero en vez de salir, se coló garganta adentro y se alojó en la faringe. El cosquilleo debía de ser tan insoportable que la mujer trató de trincharlo con un tenedor para extraerlo. En el intento se tragó el tenedor y el bicho. El bicho murió y fue digerido. El tenedor fue objeto de una intervención quirúrgica.
Lo que parece un cuento para asustar a los niños es una historia real. Le ocurrió a una mujer israelí de 32 años, que salvó la vida.
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